Por Neysa Mesa del Toro
Uno de los edificios emblemáticos de la ciudad cubana de Morón es la estación de ferrocarril, construcción atípica dentro de la arquitectura local. Construida a principios del siglo XX, representa un exponente del eclecticismo con una marcada influencia de la arquitectura del sur de los Estados Unidos.
Sobresale por su excelente estado de conservación y es la segunda del país por su tamaño e importancia; la terminal central ferroviaria de La Habana ocupa el primer puesto.
Según recoge la literatura de la época, es el mejor prototipo del poderío de uno de los grandes monopolios norteamericanos, el mismo que construyó el sistema ferroviario del norte de Cuba.
A principios de 1922, y teniendo en cuenta el auge y el gran valor económico que tenían los ferrocarriles, la compañía Baldwin Locomotive Works erigió en áreas aledañas a la estación moronense los más modernos talleres ferroviarios de Cuba en la época.
Morón, una de las principales ciudades de la provincia de Ciego de Ávila, está ubicada a unos 500 kilómetros al este de La Habana, muy cerca del destino turístico Jardines del Rey, en el que están enclavados los cayos Coco y Guillermo.
LO MÁS NOTABLE DEL INMUEBLE
La terminal de ferrocarril de Morón se enmarca en un edificio central con techos de vigueta y tablado; y altos laterales con seis vanos encuadrados en áreas de medio punto, tres balcones con balaustres lumínicos y mármoles muy bien trabajados, traídos de Italia.
Pero lo más llamativo y aún en perfecto estado es el vitral localizado en la cubierta del área interna del edificio, el cual resalta por su belleza y perfección, sujetado a una losa perimetral de hormigón. Dicho vitral se protege con una pequeña capota de fibra de vidrio que no interfiere la entrada de luz.
Los pisos bien pulidos de granito y toda la carpintería de madera dura, al estilo francés, motivan la admiración de quienes a diario visitan la instalación.
En los frontones triangulares que enaltecen la fachada se encuentra un monograma con las letras NC, que significa norte de Cuba, y en el otro, el número 1923, el año de construcción.
Elegante, majestuoso y altivo se yergue el edificio, ubicado a la entrada del centro de la urbe, en la avenida Tarafa.
En la planta baja están los salones de espera y servicios básicos para los viajeros, mientras que en el segundo nivel se halla el aparato administrativo. La cubierta, concebida a cuatro aguas, está revestida con tejas de barro liso de gran calidad, procedentes de Chicago.
Sus dos niveles, con vanos enmarcados en arcos de medio punto, mantienen la estructura original de la época de construcción, incluida la marquetería.
En el año 2009, la estación fue sometida a una reparación integral, pero siempre le conservaron los principales elementos constructivos.
Se reconstruyó el techado; se restableció el sistema de pararrayos; se restauró el vitral; se pulieron los pisos de granito, y se rescataron los locales en desuso. También se rehabilitaron y se pulieron el mármol de las escaleras de acceso a la planta alta y las paredes del salón de espera.
La carpintería de las ventanas y puertas fue reparada y se repusieron los cristales y las lámparas del salón de espera; también se acometió la pintura del edificio.
Hoy se exhiben fotos de la estación en las dos etapas. En la terraza del inmueble se ubicó un mural de cerámica con símbolos del territorio, obra realizada por artesanos de la agencia Caguayo, del Fondo Cubano de Bienes Culturales.
Con un entorno ambientado, se hace más agradable la estancia de las personas que acuden a ese sitio de gran valor histórico-patrimonial en la provincia.
Por su valor arquitectónico y el buen estado de preservación, le fue otorgado al inmueble el Premio Nacional de Conservación, condición que entrega el Consejo de Patrimonio Cultural en Cuba.
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