“Una luz de esperanza y progreso», afirman los cubanos residentes en Gipuzkoa. Entrevistas para “El Diario Vasco” incluye declaraciones de Ibis Rodríguez, Presidenta de la ACR en esa región y miembro de la Directiva de la FACRE

Por Ainhoa Muñoz.
Ven con «ilusión» y «optimismo» el acercamiento entre Cuba y EE UU, aunque reclaman que se levante el embargo financiero que pesa sobre la isla.

SAN SEBASTIÁN. Están a miles de kilómetros de sus casas. De sus raíces. Pero la distancia no les ha hecho perder ni un ápice de satisfacción al sentir desde lejos el momento histórico que vivió el pasado domingo el país que les vio nacer, Cuba, con la llegada del presidente estadounidense Barack Obama al territorio caribeño. «Era inimaginable ». «Estamos un paso más cerca de lograr la democracia». «Es la mejor vía para que nuestro país se desarrolle», coinciden.

Ibis Rodríguez, Gustavo Orlando Gómez y Reinaldo García no pueden esconder su alegría. Son cubanos, aunque viven en Gipuzkoa desde hace años. Sin embargo, no se conocen entre ellos y, sorprendentemente, como si lo hubiesen acordado previamente, coinciden en una misma afirmación: «Es una luz de esperanza y de progreso », sentencian. Se refieren, lógicamente, al acercamiento entre Washington y La Habana, un acontecimiento que ya ha abierto la vía para el deshielo entre ambas administraciones.

Un hito en la historia de su país que estos tres residentes en Gipuzkoa no dudan en tildar de «éxito». Aunque no sin ciertos recelos.

Más allá de la diplomacia

Ibis Rodríguez vive desde hace 21 años en Oñati. Se enamoró de un vasco y decidió dejar atrás sus orígenes por amor. Pero desde el domingo no puede evitar teletransportar su mente a Holgui, provincia cubana donde se crió. Ibis –aunque reconoce sentir una «satisfacción enorme»– pide «prudencia» a la hora de reabrir las relaciones entre ambos países: «No creo que sea suficiente que haya cordialidad diplomática con los EE UU, se necesitan dar muchos más pasos», dice con contundencia. Ella reclama que se abran oportunidades comerciales para las empresas cubanas, que «de una vez por todas» EE UU levante el embargo económico y financiero que pesa sobre la isla comunista desde 1960. «Debe suprimirse el bloqueo, no me sirve una buena relación diplomática si otros países no pueden invertir en Cuba», dice. «Ahí está la clave para que mi país se desarrolle».

Esta postura –como no podía ser de otra forma– está respaldada por sus compatriotas. Reinaldo García residente en Lasarte-Oria desde el 2002, es de la opinión de que «mantener el bloqueo económico solo impedirá que Cuba no progrese». «El embargo financiero –continúa– nos ha destruido como país: faltan
medios educativos, industriales y médicos. Solo espero que la visita de Obama tenga como fin suprimir por fin este despropósito».

A sus 39 años, Reinaldo reconoce que «jamás» se habría imaginado a un presidente norteamericano visitando la isla dentro del periodo revolucionario cubano. Sin embargo, asegura que «en los años 60 Fidel Castro dijo: ‘Cuando un
Presidente negro llegue a la Casa Blanca y haya una Papa latinoamericano, entonces habrá un acercamiento’.

Y efectivamente así lo hemos visto ahora». De ahí que confíe en esta «oportunidad» para que se «abra una vía industrial y financiera que ayude a equilibrar el desnivel
económico que existe en nuestro país». A pesar de las ‘exigencias’ lógicas de quienes han vivido la pobreza, tanto Ibis como Reinaldo están viviendo con «positivismo» el ‘¿Qué bolá Cuba?’ que expresó el presidente estadounidense a través de su cuenta en Twitter antes de su visita a la isla caribeña. Reclaman el libre mercado entre ambos países aunque, de nuevo, ponen varios puntos sobre las íes. Solo de imaginar un Burguer King o un McDonald’s instalado por las calles de La Habana se les eriza la piel. «EE UU debe respetar la autonomía de Cuba», dice Gustavo Orlando.

«Y todo el proceso histórico de la Revolución cubana», le sigue Reinaldo. «Nosotros tenemos una peculiaridad, una cubanía que no quisiéramos perder, independientemente de todos los cambios que surjan en un futuro en materia de
progreso social y económico», puntualiza Ibis.

Mantener su identidad

Poder mantener la esencia de Cuba es la mayor preocupación que dicen sentir con la llegada de Obama a la isla. «Siempre nos hemos caracterizado por nuestra independencia y eso se debe seguir manteniendo así», pide Gustavo, un joven de 29 años que lleva buscándose la vida en Donostia desde 2007. Además, alerta: «Si no imponemos nuestra identidad, los norteamericanos nos van a pasar por encima... no podemos permitirlo».

A pesar de estar a miles de kilómetros de Cuba, desde el pasado domingo sus casas guipuzcoanas no paran de recibir llamadas de sus seres queridos. «Allá», dicen, «se está viviendo con un entusiasmo infinito ». Aunque, reconocen, «es inevitable vivir este proceso con cierto miedo y muchísima incertidumbre ». Aún no se atreven a calificar este paso de «beneficioso» o «perjudicial », de confiar en la promesa de Obama de no buscar el cambio del régimen castrista –«porque Fidel
Castro habrá cometido errores, pero ha hecho mucho bien en nuestro país»–.

Lo único cierto es que sienten la emoción de vivir un hito histórico –«aunque siento envidia sana de no estar allá y vivirlo en primera persona », confiesa Reinaldo–; un día para marcar en rojo los calendarios de medio mundo. «Por fin dos países
enemigos durante tantísimas décadas se atreven a acercar posturas. Eso ya es una victoria», apuntan.
 

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