Por Martha Sánchez
Por duro que parezca, los personajes de La pared de las palabras, la más reciente película del cineasta cubano Fernando Pérez, están inspirados en seres reales.
De acuerdo con dos de los protagonistas, Isabel Santos y Jorge Perugorría, la cinta en cartelera demandó un sacrificio muy grande por parte de los actores al tener que encarnar a una madre dedicada a cuidar a un hijo postrado a consecuencia de una distonía muscular.
Con la evolución del padecimiento, el personaje de Perugorría perdió la habilidad de expresarse mediante la palabra oral y escrita, y por supuesto, su incapacidad de movimiento lo hace dependiente de otra persona para cualquier acto corriente.
Frente al drama, cada miembro de la familia -madre, hermano, abuela- toma una posición distinta y, según Pérez, válida porque todos tienen razón desde sus respectivos puntos de vista: el mundo es complejo y cada uno defiende su verdad.
Precisamente la complejidad de los conflictos motivó a la guionista Susel Monet a escribir sobre la relación de su tía Pura con el hijo Esmenejildo.
La sensibilidad es lo más importante a la hora de enfrentarse a un tema como este, subrayó Perugorría, quien además calificó como una angustia creciente la incapacidad para comunicarse.
Para interpretar a Luis, nombre del personaje, el actor debió someterse a una dieta rigurosa con el fin de lucir el deterioro propio de la enfermedad y como parte de su entrenamiento entabló una relación cercana con otra coprotagonista, Maritza, una joven con síndrome de Down en la vida real.
La complicidad aportó fluidez al rodaje y el director decidió abrir una puerta a la espontaneidad con todos los personajes y, en especial, con los 12 actores de reparto que interpretan a pacientes de una institución psiquiátrica.
A estos últimos ni siquiera les dio a leer el guión, ni contó la historia, solo los ubicó en contexto y cada cual construyó su papel a partir de los seres que veían en la Quinta Canaria, institución psiquiátrica real donde Pérez filmó gran parte de la película.
Un día de rodaje, Santos entró al hospital y no sabía si veía pacientes o actores.
Dos de estos intérpretes, Reniel Ledea y Jorge Feria, contaron que no podían lavar la ropa de la clínica y debían estar sin calzoncillo todo el tiempo pues formaba parte de la atmósfera.
Yo solté las vísceras en esta película, asegura Santos, quien asume a Elena, la madre inmolada, una mujer que ya no tiene lágrimas porque con seguridad en el pasado las agotó todas cuando comenzó a ver la degeneración del hijo y el médico le pronosticó la muerte.
Así le pidió el director que imaginara el personaje y la acompañó hasta en las escenas más difíciles, debajo del agua, con riesgo para la vida.
Tanto silencio o incomunicación en el filme lo compensa Orquídea, una loca interpretada por Laura de la Uz, que llega a ser como el otro extremo de Luis, la intranquilidad personificada, la rebeldía.
Pérez la considera vital porque la explosión de ideas disociadas de Orquídea enmarca la película en un contexto y aseguró a Correos de Cuba que la referencia de la actriz fue una persona real.
Además, me he encontrado a más de una gente con esas características, alegó.
Lo primero que conmovió a los actores fue el guión, aunque Perugorría reconoció haberse atrevido a interpretar a Luis por la confianza que le tiene a Pérez, un director con el cual hace mucho tiempo soñaba trabajar, por eso lo buscó en cuanto su vecina Monet le mostró el guión.
Con mi personaje tuve miedo al ridículo, confesó el también productor del filme y lo catalogó de reto por el nivel tan alto de entrega a la búsqueda de un mundo interior de contención.
Una familia que deviene disfuncional por tener un hijo discapacitado no es extraño, recordó el director.
Al mismo tiempo intenté dar un balance: luz pero también sombra, esperanza pero también dolor, dijo Pérez.
Esta película no puede verse con cualquier estado de ánimo, por ese motivo entendería que algunos espectadores no quisieran sintonizar con ella, señaló.
Como en su anterior cinta, El ojo del canario, el Premio Nacional de Cine 2007 abogó por sonoridades, en lugar de música incidental, pues desea que La pared de las palabras deje cierta zozobra.
El director de Clandestinos, Hello Hemingway, Madagascar, La vida es silbar, Suite Habana y El ojo del canario, ha logrado piezas conmovedoras sin caer en los clichés comunes dentro de géneros como el histórico y el drama contemporáneo. La pared de las palabras llegó a la gran pantalla por primera vez en el 36 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, celebrado en esta capital en diciembre pasado.
Al concluir la prestigiosa cita, el largometraje quedó entre los más populares y conquistó tres Premios Colaterales, entre ellos, el galardón de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica y el Premio El Mégano, concedido por la Federación Nacional de Cine Clubes de Cuba.
La obra comenzó a proyectarse en todos los cines de estreno del país y estará en cartelera durante todo el mes de marzo.
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