Por Javier Rodríguez
Si algo alcanzó los más altos niveles en el recibimiento otorgado por el pueblo al Papa Francisco fue la presencia del sentimiento de cubanía, arraigado en los hombres y mujeres de la Isla, ofrecido como un presente por creyentes y no creyentes a su paso por distintos rincones del país.
El Papa, quien fue durante su visita vocero del amor al prójimo, defensor de la causa de los pobres, reclamante de una iglesia que trabaje por la unidad del pueblo para avanzar todos juntos en el desarrollo de la nación, logró una gran empatía con las multitudes encontradas en su recorrido.
El Sumo Pontífice conoció, como le señalara el presidente Raúl Castro durante la ceremonia efectuada a su llegada, a un pueblo que ama profundamente a la Patria y por ella es capaz de realizar los más grandes sacrificios, guiado por el ejemplo dado por los próceres de Nuestra América.
Junto a las banderas cubanas que fueron enarboladas continuamente a su paso, también palpó el respaldo a los enunciados cardinales emitidos en sus homilías y reuniones, los cuales, rápidamente permitieron el entendimiento mutuo entre el visitante y los pobladores.
Definió magistralmente el papel de Cuba en el mundo, al describirla como un archipiélago que mira hacia todos los caminos, con un valor extraordinario como llave entre el norte y el sur, entre el este y el oeste y con vocación de punto de encuentro para reunir a todos los pueblos en amistad, según soñó José Martí.
En esa misma dirección puede encuadrarse el conocido apoyo brindado por él a las conversaciones destinadas a normalizar las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, cuyo primer paso fue la apertura de embajadas en los dos países.
Llamó las cosas por su nombre al evocar las tragedias provocadas en el mundo por los adoradores del dios dinero, y reconocer que quienes lo abrazan conducen al planeta hacia su destrucción y se pierden ellos mismos.
Sin vacilación, reclamó la necesidad de poner fin a la “III guerra mundial por etapas que estamos viviendo” con referencia evidente a los desastres que la intervención de potencias occidentales provoca en África y el Medio Oriente, al drama de los millones de refugiados buscando desesperadamente un lugar donde vivir para huir de los conflictos e intervenciones, y al propio bloqueo estadounidense contra Cuba rechazado por la casi totalidad de las naciones.
Un lenguaje muy sencillo pero contundente fue el utilizado ante obispos, sacerdotes, misioneros y seminaristas para esclarecer el carácter de la iglesia que desea y apoya.
Quiero una iglesia para acompañar la vida, sostener la esperanza, comprometida con la cultura y la sociedad, con el corazón y los ojos abiertos para compartir gozos y alegrías, esperanzas y frustraciones, visitar al preso, al enfermo, al que llora y a quien hace reír, manifestó.
Y más adelante:
Nuestra revolución pasa por la ternura, por la alegría que se hace siempre projimidad y compasión y nos hace salir de las casas para servir en la vida a los demás.
Sus apelaciones al pensamiento de José Martí en varias de las intervenciones realizadas, lo acercaron aún más al pueblo cubano que vive un proceso político y revolucionario inspirado en el pensamiento de su Apóstol.
Martí pidió una sociedad con todos y para el bien de todos, recordó, basándose en ello para aconsejar a los jóvenes repudiar “conventillos” religiosos o políticos que sólo dañan la necesaria unidad, y les pidió ir juntos en la vida con quienes piensen diferente, buscando privilegiadamente las cosas en las cuales están de acuerdo para iniciar los caminos conjuntos.
Un alto destacado en el camino fue para el Papa Francisco su visita al líder histórico de la Revolución, Fidel Castro, compartiendo un diálogo cordial en el que, según informó el vocero del Vaticano, no faltó el tema de los grandes peligros para la Humanidad, provocados por el cambio climático y la responsabilidad del hombre para sortearlos.
La visita del Papa Francisco fue vivida intensamente y todos sus detalles transmitidos no sólo por la televisión nacional, sino por todos los medios de prensa locales y concitó extraordinario interés en los más de mil periodistas extranjeros que realizaron la cobertura.
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