Viejo de los Caracoles.

Gallardo exploró muchas cuevas con Antonio Núñez Jiménez.

Por Orlando Carrió          

En el occidental Valle de las Dos Hermanas, perteneciente al municipio de Viñales, en la provincia de Pinar del Río, asombran las palmas y yagrumas que crecen erectas en las paredes verticales de los mogotes calizos, con las raíces al aire, aferradas a la piedra y la tempestad, como equilibristas enemigos del vacío. Allí, encontramos también el Mural de la Prehistoria, bordado de manera desconcertante en una de las lomas, y a uno de sus custodios, el colector de campo de la Academia de Ciencias, Juan Gallardo Cordero, a quien llaman con misterio el Viejo de los Caracoles.

Pedro Gutiérrez enumera en una crónica de Bohemia dada a conocer en julio de 1981 las principales diabluras de Gallardo, el alma de este Parque Nacional, declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura: el vueltabajero diserta con solvencia sobre los plesiosauros o los megalocnus cubenis, sin haber leído jamás un libro de biología o paleontología; siembra, hace unos años, ciento setenta caobas hondureñas de muy difícil traslado y, olvidándose de otros alborozos, se dedica a la compleja cría de caracoles, los cuales rompen varias muelas en los restaurantes Bulerías y Centro Vasco de La Habana, antes de descubrirse que producen una enzima muy útil para el cerebro.

Nacido en febrero de 1914, en Viñales, el explorador trabaja al principio como estibador de madera en los aserríos de San Vicente y recolecta plantas medicinales para las droguerías de La Habana,ante de vincularse conla Cuban Californian, una empresa norteamericana de prospecciones petroleras, donde conoce a varios profesores de Harvard que “venían en busca de fósiles y se los llevaban sin problema, al despelote…”.

Más adelante, aclaran Zenia Regalado y Edmundo Alemany en la entrevista digital Gallardos: buscadores de dinosaurios, se hace amigo y mano derecha de los científicos don Carlos de la Torre, máxima autoridad en el estudio de los moluscos de Las Antillas, y Antonio Núñez Jiménez, con quien funda un museo jurásico en Dos Hermanas.

“Una vez don Carlos me pidió que le hiciera una colecta de Ligus, unos caracoles muy bonitos, de diferentes colores, y me puse a trabajar junto a él —les comenta a los referidos periodistas de Noticias. Viñales por dentro—.De pronto, me fijé que había muchos trepados en los troncos de los árboles, sacudí una mata y cayeron como doscientos. Él se asombró, pues yo era el primero en descubrir que vivían en las alturas y no en la tierra”.

Estas vivencias estimulan en él un nuevo deporte: la recolección de fósiles de animales o peces en la Cordillera de los Órganos y otras regiones. Por esta razón, no para un minuto de subir y bajar colinas a la caza de los ammonites (molusco, ahora fósil, que existió en los mares desde el devónico hasta el cretácico), los belemnites (otro molusco fósil extinguido al final del cretácico) y del Haploceras Gallardoi, que lleva su nombre.

Gracias a su testarudez, numerosos coleccionistas en Cuba, Estados Unidos y Japón tienen hallazgos suyos, los cuales también se almacenan, en cantidades apreciables, en el museo municipal de Viñales, en el museo provincial pinareño y en su agreste morada.

A este aventurero, con vocación para la espeleología, se le atribuye, igualmente, el descubrimiento de más de treinta pinturas rupestres en la Cueva del Cura, localizada en la vueltabajera Sierra de la Guasasa, en las que se observan escenas de cazadores de aves, aborígenes en canoas y otros dibujos en colores rojos y negros.

 Basta mirarlo de reojo para conocer los herrajes del “guajiro sabio de Viñales”, como llamó Núñez Jiménez a este guía y práctico de hombres de ciencia de varias partes del mundo. En el encuentro, que tiene con  Zenia Regalado y Edmundo Alemany, agrega: “Los quesos, esas piedras grandes, siempre tienen señales (…). Una vez encontré en uno de ellos la enorme cabeza de un saurio marino —que posteriormente se identificó como un pliosaurio—, llevé aquella cabeza a la Universidad de La Habana, a viejos profesores que la querían comprar. Se entera de esto Humberto Cortina, hijo del hacendado, a quien le mostré la cabeza y me gritó que me iba a dar cinco pesos por ella…”.

Padre de Juanito, y de otros tres muchachos, a quienes les enseña “en dónde buscar”, Gallardo, fuerte, de piel blanca y curtida, intranquilo y sonriente, trabaja en la fundación del Mural de la Prehistoria de Viñales y se gana el sustento rastreando caracoles de tierra para los artesanos pinareños en los años ochenta y noventa hasta su fallecimiento en 2011.

Además, presume de su amistad con Leovigildo González, discípulo del muralista mexicano Diego Rivera y pintor del Mural de la Prehistoria, a quien ayudó en su lucha contra el sol, el viento, la lluvia, el fango, la maleza y la despampanante mancha blanca de las rocas calizas.

En una vieja leyenda arrullada por los agricultores se dibuja al Viejo de los Caracoles haciendo gimnasia entre los mogotes y hasta columpiándose entre ellos. Tal vez la sátira tenga algo de cierta.

Imagen del Mural de la Prehistoria.

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