¿Vimos la última votación contra el Bloqueo?

Por Charly Morales Valido

Fotos: Manuel Muñoa, Vladimir Molina y Emilio Herrera

Ojalá, respondería a semejante título cuestionador cualquier lector de buena fe, tal vez escéptico pero con cierta esperanza, porque tras un cuarto de siglo de votaciones ya necesita que la abrumadora condena mundial provoque algo más que una tibia flexibilización.

Hablo, por si no lo adivinó, de la votación que cada año realiza la Asamblea General de Naciones Unidas sobre la necesidad de levantar el bloqueo económico, financiero y comercial que Estados Unidos mantiene contra Cuba desde 1960, pese al susodicho rechazo internacional.

Este año, 191 países votaron por acabar con una política fallida y nadie se opuso, ni siquiera Estados Unidos e Israel, que en un hecho sin precedentes decidieron abstenerse. Ben Rhodes, asesor especial del presidente Barack Obama para la política exterior, explicó que no había motivos para defender una política contra la cual se oponen, incluso desde la Casa Blanca.

El propio Obama ha admitido que el “embargo”, como lo llaman en Washington, no debería seguir en vigor. De hecho, a pocas semanas de abandonar la Casa Blanca emitió una orden ejecutiva para apuntalar el proceso de acercamiento entre ambos países, pero persiste el criterio de que pudo hacer más, incluso sin el apoyo del Congreso, la principal excusa de su administración para desentenderse del asunto.

Pese a la reanudación de las relaciones diplomáticas, la reapertura de embajadas, la docena de acuerdos firmados en sectores de interés mutuo y las visitas de alto nivel en ambas direcciones, el unilateral cerco sigue vigente porque en 1996 fue convertido en ley del Congreso, y en el Capitolio la mayoría republicana concentra sus pocas ganas de trabajar en boicotear toda iniciativa proveniente de la Casa Blanca. Es un hecho.

Por lo pronto, esta votación llega en plena vorágine electoral en Estados Unidos, a solo dos semanas de los comicios para elegir al sucesor de Obama. La eventual elección de la demócrata Hillary Clinton, puntera en las encuestas, significaría una continuidad en las políticas del primer Presidente negro en la historia de la Unión, entre ellas el acercamiento con Cuba. Pero si gana el republicano Donald Trump será difícil prever qué pasará no ya con Cuba, sino con los propios Estados Unidos.

En ese contexto, y con el escenario candente en el Medio Oriente, quizás hacer lobby en la ONU respecto a Cuba no sea una prioridad para la diplomacia estadounidense ahora mismo, aunque en los últimos años las presiones y cabildeos no han impedido el aislamiento de Washington en ese tópico: lo dicho, solo Israel lo ha secundado.

Además, en septiembre pasado unos 40 jefes de Estado o de Gobierno y cancilleres aprovecharon el debate general de la Asamblea para reclamar el cese de una política que tildaron de inhumana, cruel, criminal, injusta, castigo a un pueblo, contrario a la Carta de la ONU y obstáculo al desarrollo, entre otros calificativos.

Tal precedente permitía avizorar otra contundente victoria para Cuba, incluso pese a la crisis de la izquierda en América Latina. Si bien se espera el apoyo del gobierno golpista del brasileño Michel Temer, había incertidumbre sobre cuál sería la posición del argentino Mauricio Macri. Ninguno podía darse el lujo de ser más impopulares, así que mantuvieron su voto a favor de la Isla.

Mientras, en Cuba se suceden las manifestaciones de rechazo a la guerra económica impuesta por Washington como un peculiar “avispero” de estudiantes que hizo viral en las redes sociales el llamado a votar contra el bloqueo.

En resumen, al perenne reclamo de los cubanos y al coro internacional de amigos se suma el interés del sector empresarial en Estados Unidos, favorecido por la mencionada orden presidencial de Obama. Para muchos, la posibilidad de hacer negocios con Cuba los llevará a ejercer presión para, al final, tener un comercio normal entre ambos países.

¿Ocurrirá algo así durante el transcurso del próximo año? Buena pregunta. Solo se nos ocurre dar la misma respuesta que abre este comentario: ¡ojalá!

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