Zoología

El jubo cubano, un reptil de cuidadoPor Alfredo Boada MolaEn Cuba, la mayoría de las serpientes son básicamente inofensivas y su mordedura no es venenosa, pero el popular jubo (Cubophis cantherigerus) es una especie autóctona de mordedura tóxica, aunque no letal.El Cubophis cantherigerus es uno de los pocos miembros de la fauna cubana cuya mordedura puede resultar dañina a la salud humana y re¬querir cuidados médicos, y en los últimos años en el país se han producido algunos accidentes relacionados con este animal, pero la mayoría de esos sucesos ocurrieron cuando algunos ejemplares fueron atrapados o acosados, trayendo como desenlace una mordida que, según la duración del evento, el tamaño del reptil y las características de la persona atacada, como su estado físico y edad, puede tener diferentes complicaciones.La reacción a la mordida del jubo cubano es muy variable, e incluye enrojecimiento de la zona afectada, inflamación localizada o gradualmente extendida a partes distantes, necrosis tisular (muerte de tejido), edemas (incluso muy severos), dolor en la zona de la mordedura a pocos minutos de haber ocurrido, eventualmente infección del sistema urinario, fiebre e incremento del pulso. Pero, por suerte, no se registran muertes.De acuerdo con el doctor en Ciencias Biológicas Luis Manuel Díaz, especialista en anfibios y reptiles del Museo Nacional de Historia Natural de Cuba, este animal habita en todo el país, tanto en zonas rurales como urbanas y semiurbanas, y con un tamaño que alcanza hasta el metro y medio en la adultez es catalogado como la segunda serpiente en talla del archipiélago, detrás del majá de Santa María.El jubo vive hasta unos diez años, según los expertos, y puede encontrarse en sabanas, potreros y debajo de las piedras, así como en los bosques cercanos al agua. Habita tanto en zonas bajas como montañosas, cubiertas por diferentes tipos de vegetación. También en pueblos y ciudades, donde ocasionalmente puede verse en jardines y pastizales.De hábitos esencialmente diurnos, necesita solearse para alcanzar una temperatura interna óptima en su cuerpo, por lo cual puede ser visto en caminos que cruzan zonas boscosas, o a veces en las carreteras, donde a menudo resultan atropellados por los automóviles.En Cuba —agregó el doctor Díaz a este redactor, en uno de los salones de su institución científica en el centro histórico de La Habana— hay registros de varios casos de mordeduras por jubos, sobre todo en niños, quienes han visto desencadenarse una serie de síntomas o reacciones, quizás por ciertas predisposiciones, como alergias o asma.Nacionalmente no se han cuantificado los casos, refirió el especialista, pero en los últimos diez a doce años se han registrado casi diez casos solamente en La Habana, sin tomarse en cuenta los demás territorios del país.En 1961, un científico de la Universidad de California, George Hegeman, realizó un estudio acerca de la composición de la saliva de Cubophis cantherigerus que reveló que un grupo de enzimas contenidas en la saliva de esta especie digieren los tejidos de las presas, y la reacción puede extenderse gradualmente a partes lejanas al sitio de la mordedura. Muchos de estos tipos de enzimas están presentes en el veneno de las serpientes más peligrosas del mundo como la cascabel.La estructura que produce la secreción tóxica es una glándula salival modificada llamada duvernoy, que se conecta a un diente diferenciado, localizado bien atrás en la parte superior de la cavidad bucal. La toxina de estos animales les ayuda a digerir las presas.De acuerdo con el doctor Díaz, el jubo cubano —que no ataca si no es agredido—  tiene una importante función en la naturaleza, como depredador de roedores y también como controlador de poblaciones de lagartos, ranas y hasta algunos tipos de aves, a quienes mantiene dentro de límites sostenibles, contribuyendo así al equilibrio ecológico.Se trata —dijo— de seres solitarios y muy escurridizos, que se aparean para reproducirse. Las hembras producen feromonas para atraer a los machos, que compiten por ellas.Aunque estos reptiles son más bien tímidos y huyen ante la presencia humana; si una persona los captura, el animal en defensa podría morderla, entonces le puede inocular la saliva tóxica, y según el estado físico de la persona, su edad y otros factores esta puede tener una reacción que conlleve a un cuadro clínico que nadie es capaz de imaginar, comentó.“Cuando se ve amenazado, el jubo adopta una conducta intimidatoria, se yergue sobre el suelo, y aplasta la parte anterior del cuerpo como si se tratara de una cobra y lanza mordidas a su posible atacante”, explicó.Otro mecanismo de defensa que tiene al ser atrapado, es la expulsión de una secreción fétida por la abertura cloacal, donde desembocan tanto el sistema digestivo, como el urinario, el reproductor y ciertas glándulas.Esta especie es básicamente de color gris plomizo o parduzco, a veces con tonos oliváceos o rojizos, con pocas marcas en el cuerpo, aunque la mitad posterior puede tener algunas bandas o manchas fusionadas unas con otras formando algún tipo de patrón.La superficie dorsal de la cabeza tiene una mancha difusa de color oscuro, y detrás de los ojos, hacia la comisura de la boca, puede haber una rayita o mancha alargada de color oscuro, que son una combinación de características que lo hacen completamente inconfundible con otras culebras.Los machos tienen la cola más larga que las hembras. Existen cinco subespecies o razas geográficas, que se diferencian básicamente en su coloración.El jubo cubano es una especie ovípara; pone entre 10 y 24 huevos de cáscara flexible que eclosionan en poco más de dos meses. Los huevos miden entre dos y cuatro centímetros, siendo más largos que anchos, y se adhieren unos a otros formando un conglomerado compacto de entre 20 y 22 unidades. La reproducción ocurre sobre todo en la estación lluviosa, de abril y octubre.En ese período es mucho más frecuente observar esta especie, sobre todo debido al incremento de su actividad territorial y sexual. Es probable que esta serpiente sea mucho más irritable en esa época del año y que también contenga más saliva tóxica, al aumentar su demanda de alimentos.Por ello, el experto considera tener como precaución nunca manipular el jubo ni usarlo como una mascota o animal afectivo, aunque no siempre ocurren accidentes de mordeduras, ni todas las personas mordidas desarrollan los mismos síntomas.

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